Y a veces las despedidas duelen, hacen que se nos hinche el corazon y el alma, pero en sus momentos, caoticos y desesperantes, decidir marcharse, puede llegar a ser la respuesta mas satifacrotia. No mas que un adios.

Y habríamos de pasar los ratos juntos en aquel pasillo.
Riendo desesperadamente buscando una solución a nuestros dilemas-
Mirándonos buscando en el otro la próxima palabra para comenzar la siguiente discusión.
Decidiste levantarte y empezar a caminar.
Me abandonaste, si aun no haber tomado una decisión, me respondiste que preferías huir ahora que luego con el corazón roto.
Y no pude evitar, ante tu ausencia, comenzar a llorar.
Me sentí sola, vacía, comencé a buscar en la habitación, razones, motivos, no había ninguno que me permitiera dejar de llorar, el único que lo hacia posible, ya había comenzado a caminar.
Y ya no me importaba, que volvieras, que te fueras otra vez.
Ahora, quería estar sola. Pensar. Dormirme entre el duelo y el dulce encanto de la espera.
Lo peor será cuando despierta, mire a mis costados y no te vea. Y recordare que te sigo amando, que nunca deje de hacerlo. Que ni el sueño mismo logro que te olvidara. Pero creeré haber soñado, ya no, ahora este era que volvieras a mi.
Por lo pronto, me adhiero a tu solución y tomo mi decisión.
Tomare mi rumbo, volteare sobre mi espalda, y al halo que has dejado de tu ser, le diré adiós.
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